Sube la montaña

Me acababa de despertar y, del mismo modo que el hambre matutina, un oportuno apetito montañés me ha espoleado a levantarme de la cama. La idiosincrasia del fin de semana me ha concedido un desayuno de lo más tranquilo: sentado en el sofá, mientras el sonido de las gotas de lluvia apagándose en la azotea del apartamento me deleitaban a cada sorbo de café. Me he vestido para la …