El museo

Era una mañana recién estrenada, una de esas ambiguas, donde el último atisbo de oscuridad se funde con la alborada del amanecer, pero donde el rocío de la madrugada ya resplandece en la cubierta de la barcaza. El Sol se alzaba sin premura tenuemente por el horizonte e irradiaba desatinado en la arrebolada nuca de Mario, que sentado en la popa gobernaba el timón del motor fueraborda en dirección …