Inspiración

En este blog podría hablar de muchas cosas. Podría hablar, por ejemplo, cómo me siento cada vez que voy a la iglesia y oigo, que no escucho, como manan todo tipo de sandeces de la boca del sacerdote. Teniendo en cuenta que solo la visito en bodas y funerales, y ya han pasado ciertos años del último casamiento al que asistí, más bien podría manifestar que mi ánimo cuando la visito es más de pesar que satisfacción. Poco dado, mi pesar, a transigir o tener que hacerlo ante un discurso que, no tan solo no comparto ni comprendo, sino que aborrezco.   

Sin embargo, el objetivo del blog nunca fue compartir mis peripecias. Quien sabe, quizá algún día relate de manera torpe una historia con una metáfora genial acerca de la religión o relate de una manera genial una metáfora torpe acerca de este asunto, que tanto me preocupa. Entonces sí que estaría cumpliendo el objetivo del blog.

El caso es que en la mayoría de ocasiones que me siento delante del ordenador no sé qué coño escribir. Es la triste realidad. Supongo que si me pusiera a pensar y todo eso, <<hoy puedo escribir sobre tal cosa>> y tal, acabaría encontrando aquello qué decir, esa historia. No obstante, tampoco estaría cumpliendo el maldito objetivo del blog. No disfruto escribiendo aquello que he tenido previamente que pensar. Cuando improviso, por contra, es cuando lo hago. Disfrutar.